El origen mismo de la palabra chocolate se pierde en la oralidad de las etnias tolteca, maya y azteca. Entre estos últimos, las vainas del cacao llegaron a convertirse en moneda de cambio.
La estrecha relación que vincula al chocolate con el erotismo ha sido explorada a lo largo de la historia, tanto en el cine como en la literatura.
El producto sólido y en barra, tal como lo hoy conocemos, llega de la mano de un par de alemanes que utiliza una novedosa receta italiana para manufacturar chocolate con leche.
Según una antigua versión, el árbol del cacao era custodiado celosamente por los dioses para propio su uso y deleite hasta que Quetzacoátl, decidió participar a los humanos del festín.
El chocolate logró extenderse pronto en Europa pese a su sabor algo extraño y amargo. Las clases altas lo pusieron de moda, se corrió la voz de sus efectos tonificantes y afrodisíacos.
En nuestro días, la mayoría de la gente valora la elaboración artesanal.